La Gran Barrera de Australia perdió el 50% de sus corales en menos de 30 años.

La Gran Barrera de Coral de Australia, denominada Patrimonio de la Humanidad desde 1981, perdió más del cincuenta por ciento de sus corales en los últimos 27 años, según revela una investigación.
La destrucción de esos corales fue provocada por ciclones y tormentas grandes, es decir más de 34 presentadas desde 1985, además de presencia de una estrella de mar invasiva nombrada corona de espinas (Acanthaster planci), así lo expresaron los autores del estudio, del Instituto Australiano de Ciencias Marinas (AIMS, siglas en inglés).

La Gran Barrera de Australia perdió el 50% de sus corales en menos de 30 años.

La Gran Barrera de Australia perdió el 50% de sus corales en menos de 30 años.


Otro aspecto relevante es el calentamiento global, que produce el denominado blanqueamiento. Los corales derivan gran parte de su energía, así como sus colores, de la relación simbiótica con microalgas conocidas como zooxanthellae. Aunque el alza en la temperatura genera que esa simbiosis vital se quiebre, provocando que las algas sean expulsadas del coral y por ende pierde color y se blanquee.
A pesar de que los corales puedan sobrevivir a este blanqueamiento, si el calor se mantiene mueren. Esto sucedió en 1998, cuando se especula que alrededor del 16% de los corales a nivel mundial murieron en un período único y prolongado de temperaturas elevadas.
También se presentaron dos sucesos fuertes de blanqueamiento de corales en 1998 y 2002 que mostraron «un gran impacto destructivo» afectando hasta el 10% de los arrecifes en la Gran Barrera, según establece la investigación.
«Esta destrucción en conjunto de más de la mitad de la cobertura de coral nos preocupa profundamente, ya que implica la pérdida de hábitat para las decenas de miles de especies asociadas con los arrecifes tropicales», afirman los expertos del estudio.
La Gran Barrera acoge alrededor de 400 tipos de coral, 1.500 especies de peces y 4.000 variedades de moluscos.
Acidificación
El otro fenómeno presente en este mal es el alza en las emisiones de gases de tipo  invernadero es decir la acidificación. En este sentido los océanos han absorbido aproximadamente un tercio del dióxido de carbono (CO2) emitido, lo que genera mayor acides en estos.
El CO2 mezclado con el agua produce ácido carbónico, lo que ocasiona que se reduzca el carbonato de calcio disponible, un elemento importante para que los seres marinos, desde almejas hasta erizos, puedan formar sus esqueletos y conchas.
Durante los últimos 300 años el pH de los océanos era ligeramente alcalino, con un promedio de 8,2. En la actualidad es alrededor de 8,1, una caída de 0,1 unidades de pH, lo que evidencia un alza de aproximadamente el 25% de acidez en los últimos dos siglos.
“El pH o potencial de hidrógeno es una medida de la acidez o alcalinidad de una disolución. La escala de pH va de 0 a 14, siendo ácidas las disoluciones con pH menores a 7. Es una escala logarítmica por lo que pequeñas variaciones en los números de la escala representan grandes modificaciones”.
Calidad del agua
Los expertos tuvieron en cuenta cifras recolectadas en el más amplio proyecto de investigación de arrecifes que se haya desarrollado hasta el momento, en el que se analizaron más de 2.200 estudios a lo largo de 27 años y se estudiaron datos sobre el estado de 217 arrecifes individuales en la Gran Barrera. Los resultados evidencian que la cobertura de coral se redujo entre 28% y 13,8% entre 1985 y 2012.
Las cifras también señalan que los arrecifes pueden recuperarse de eventos traumáticos, explicó Hugh Sweatman, uno de los autores del estudio.
«Pero la recuperación tarda entre 10 y 20 años. Y en el presente, los intervalos entre episodios dañinos son generalmente demasiado cortos para una recuperación completa, lo que está causando pérdidas a largo plazo», agregó Sweatman.
John Gunn, director de AIMS, explicó que es complejo detener las tormentas o el blanqueamiento, por lo que los expertos deben basar sus esfuerzos a corto plazo en combatir la corona de espinas, que se alimenta de los pólipos de coral y puede devastar a los arrecifes.
Los expertos expresan que una de las estrategias fundamentales para mitigar la estrella de mar es mejorar la calidad del agua, puesto que los vertidos de productos relacionados a la agricultura como fertilizantes producen explosiones de algas, de las que se alimentan a su vez las larvas de la corona de espinas.
La investigación fue revelada en la revista de la Academia de Ciencias de Estados Unidos, Proceedings of the National Academy of Sciences, PNAS.
Fuente: BBC MUNDO
Elaborado por: Natalia Bernal.


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