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Gobierno ecuatoriano propone un esquema de compensación económica por preservación de Selva Yasuní.

Posteado роr EMelo on February 09, 2012 at 9:00 am
preservacion_yasuni

Ecuador, con un territorio poco superior al estado mexicano de Chihuahua,  se encuentra en la lista de los 17 países megadiversos del mundo. Asimismo, esta nación andina posee un espectacular mosaico cultural heredado por numerosos pueblos indígenas que, en el caso específico de los Tagaeri y Taromenane continúan descomunicados del contacto ibérico-mestizo dominante en América Latina.

Contaminación del Parque Nacional Yasuní debemos detenerla!!!

Contaminación del Parque Nacional Yasuní debemos detenerla!!!

Al noroeste del país, en los límites amazónicos con Perú, se encuenta el Parque Nacional Yasuní, concretamente en las provincias de Orellana y Pastaza. Su extensión comprende 982 mil hectáreas dotadas de una exuberante variedad forestal (alrededor de 2.244 especies de árboles y arbustos), así como de aves (567 especies), anfibios (con 105 especies), reptiles (83 especies), primates (10 especies), peces de agua dulce (382 especies) y más de 100 mil especies de insectos por hectárea.

Este impresionante rompecabezas de biodiversidad está amenazado por estimaciones que indican que en el bloque conocido como ITT (Ishpingo-Tambococha-Tiputini), ubicado dentro del propio Parque, existe una reserva petrolera equivalente a 846 millones de barriles.

Las nominaciones del Yasuní

El Parque Nacional Yasuní fue declarado por el gobierno ecuatoriano en 1979, una década más tarde se le elevó su categorización a Reserva de la Biosfera en el marco del programa El Hombre y la Biosfera promovido por la UNESCO. Asimismo, en 1999 parte del parque fue elevada a la denominación de Zona Intangible, que, según las leyes ecuatorianas, implica una veda a cualquier actividad  extractiva.

Afiche Campaña concientización Preservación Parque Nacional Yasuní.

Afiche Campaña concientización Preservación Parque Nacional Yasuní.

Aún con dichas denominaciones, el interés económico sobre el petróleo que yace en el subsuelo de la región, ha colocado al Parque Nacional Yasuní en una encrucijada.

Desde los años setenta el petróleo es el pilar fundamental de la economía ecuatoriana; debido a ello, el descubrimiento de hidrocarburo bajo “la zona intangible” del Parque, que según cifras oficiales representa aproximadamente el 20% de las reservas totales del país, ha avivado el debate sobre la necesaria explotación de la zona, a pesar de su supuesta protección legal.

La propuesta

Ante tal escenario, el presidente Rafael Correa anunció en 2007 una innovadora y controvertida propuesta llamada Yasuní ITT, en la cual el gobierno ecuatoriano hace un llamado a la comunidad internacional, en especial a los países desarrollados, a tomar en consideración el principio de   responsabilidades comunes pero diferenciadas, para que la humanidad en su conjunto contribuya a la conservación y protección de esta zona aportando dinero. La meta del gobierno implica obtener una cifra equivalente al 50% de ganancias que el estado ecuatoriano adquiriría en caso de explotar la reserva de petróleo, lo cual, según las especulaciones del mismo gobierno, suma 350 millones de dólares anuales por 12 años.

A cambio de esta cantidad, Ecuador se compromete a abstenerse de extraer el petróleo existente en el subsuelo de la Reserva de la Biosfera Yasuní y así evitar la emisión de 407 millones de toneladas métricas de bióxido de carbono (C02), asegurar los derechos de los pueblos indígenas que habitan el área y garantizar la conservación de la biodiversidad.

El dinero recaudado se ha depositado en un fondo especial destinado a la conservación del área y la promoción e instalación de fuentes de energía renovables en el Ecuador.

El Fondo se abrió el 3 de agosto del 2010 mediante la firma del  Memorando de Acuerdo (MDA), entre el Gobierno ecuatoriano y el PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo). A cambio de las aportaciones, el gobierno otorga una garantía de mantener las reservas del bloque ITT indefinidamente bajo el suelo, esto se realiza a través de los llamados Certificados de Garantía Yasuní (CGY). La cantidad máxima total de certificados que se pueden llegar a emitir son equivalentes al valor de las 407 millones de toneladas métricas de CO2 no emitidas por no explotar las reservas petroleras del campo ITT.

Los CGY son un instrumento que no acumula intereses y no cuenta con una fecha de expiración o vencimiento siempre y cuando el gobierno mantenga su compromiso de no explotar las reservas del Yasuní-ITT; sin embargo, en caso de que el  gobierno ecuatoriano incumpla su compromiso y explote el petróleo de los bloques ITT, los CGY deberán ser reembolsados en el equivalente al valor nominal en dólares americanos.

Por otro lado, si a futuro el mercado mundial de carbono llega a aceptar los CGY como “Permisos de Emisión”, el gobierno ecuatoriano emitirá CGY para la venta a entidades públicas o privadas para así mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero, siendo este uno de los objetivos que se pretenden lograr con esta iniciativa.

Chantaje y vulnerabilidad

Debido a la naturaleza económica de la iniciativa, grupos ambientalistas han calificado la propuesta como un “descarado chantaje” por la preservación. En los Términos de Referencia del Fondo de Fideicomiso Ecuador Yasuní ITT quedó previsto que las contribuciones en el Fondo debían alcanzar un umbral mínimo de 100 millones de dólares hacia finales del 2011, de no ser así, anunció el presidente Correa, se regresaría el dinero recaudado y se comenzarían las operaciones petroleras.

Finalmente la presión de Correa tuvo resultado al exponer a inicios del 2012 que las donaciones habían alcanzado los 116 millones de dólares, cifra que da vida a la iniciativa a pesar de declaraciones adversas que afirman que la situación del Yasuní será un incentivo a que otros países en situaciones similares exijan dinero por conservar sus propios recursos.

Pese a todo, lo cierto es que esta iniciativa presenta una alternativa de conservación y un llamado a la comunidad internacional a proteger áreas que, por su relevancia ambiental, deben ser consideradas como patrimonio de la humanidad.

A diferencia de los instrumentos impulsados por el Protocolo de Kyoto, como los son los Mecanismos de Desarrollo Limpio y los Mecanismos de Implementación Conjunta que trabajan para generar acciones o actividades que reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero, en el caso del Yasuní, se deja de hacer una acción para conservar el patrimonio natural.

Bloque 31, la contradicción

Paradójicamente, dentro del perímetro del Parque Nacional Yasuní, el gobierno ecuatoriano comenzará a construir instalaciones para extraer petróleo en el denominado bloque 31, zona que está  aproximadamente a100 km del área Ishpingo, Tambococha y Tiputini (ITT) y, por lo tanto, no está cubierta por la iniciativa.

Los críticos a esta decisión gubernamental alertan que se pondrán en riesgo las donaciones que promueve la iniciativa ITT, ya que la explotación en la reserva natural exhibirá al Ecuador como un país contradictorio e inconsistente en sus anhelos conservacionistas. Ante la lluvia de críticas, Oswaldo Madrid, director general de la empresa ecuatoriana Petroamazonas, ha asegurado que el bloque 31 ya era un proyecto que estaba en marcha desde hace muchos años.

El Bloque 31, del cual se prevé extraer 18 mil barriles de petróleo diarios a mediados del 2013,  se encuentra en una zona eminentemente selvática, aunque periférica a la demarcación del Parque Nacional Yasuní, por lo tanto el gobierno no la ha considerado como “zona sensible”, aunque es indudable su valor ambiental y el potencial riesgo que representa para toda la reserva en su conjunto.

Cabe recordar que las actividades petroleras en el amazonía ecuatoriana dieron por resultado uno de los mayores ecocidios registrados por la historia, ya que entre 1972 y 1990 se dieron múltiples derrames de desechos tóxicos. En la actualidad la empresa Chevron-Texaco, tras 18 años de conflicto, ha sido sentenciada por dos tribunales ecuatorianos a pagar una indemnización ambiental de más de 9 mil millones de dólares.

Aunque el tema del Yasuní ha generado conciencia ambiental en gran parte de la población ecuatoriana, la presión económica y la negligencia tienen en vilo a uno de los pocos trozos vírgenes de la selva amazónica. Existen muchas interrogantes pendientes sobre la viabilidad de la propuesta, por lo pronto sigue viva, aunque sus días podrían estar contados…

Fuente: Revista MundoVerde

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